No quiero ser tu libro
de cabecera
que usas y guardas a
tu antojo
segura que siempre lo
encuentras
No pretendo ser ese
dios carmesí
que buscas en tu
espejo
simulando besos a
traición.
No pretendo tus ojos
en mis versos,
ni tu piel en mi
pluma,
ni tu cuerpo en mi
ropa,
ni mi ropa en tu
rostro,
ni rastros de labios
en mi alma.
No soy yo quien pone
las reglas
porque no tengo miedo
a perder.
(el que va abajo no
siempre pierde)
Ahora pretendes
crucificarme
y empuñarme una lanza
sin temor a ensuciarte
las manos
sin saber que eres,
madera de mi cruz.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario